La población de Villarino
está considerada en la comarca como el portal de las Arribes, ya que es el
primer municipio salmantino que recibe las aguas del Duero procedentes de
Fermoselle. A esta población, una de las más habitadas de la comarca . Sus alrededores ofrecen
imponentes miradores del Duero y el Tormes; siendo El Teso de San Cristóbal
el más sobrecogedor y pintoresco de todos ellos. En este altozano el viajero
puede contemplar el difuminado horizonte lusitano y la vecina población de
Fermoselle; además de la angosta agonía del Tormes en el último tramo de
vida antes de ser envuelto por las aguas del Duero, en el conocido rincón de
Ambasaguas. El Teso de San Cristóbal es un lugar que respira misterio como pone de manifiesto la cantidad de enigmáticas y
ancestrales huellas prehistóricas que encontramos en sus alrededores. En
otros tiempos, el cerro acogió una antigua ermita, que recientemente ha sido
reconstruida sobre los arcos abovedados que permanecían en pie. Junto a
ella, perforada sobre el suelo granítico, aún puede verse una sepultura
rectangular antiquísima. Este lugar ofrece otras curiosidades, como una
misteriosa cueva en que, según los vecinos del lugar, acontecen extraños
fenómenos la mañana de San Juan; o, la singular Peña Oscilante llamada
también Peña del Pendón (apodada de este modo, porque los mozos del pueblo
en el día de la fiesta fijan en ella la bandera). Ya en el municipio,
destaca la iglesia parroquial de estilo gótico, levantada en honor a Santa
Maria la Mayor. Su interior guarda una valiosa talla de la Virgen de la
Asunción y un bello cáliz del S. XVI. En el mismo núcleo urbano, apenas cien
metros de la plaza, se encuentra el Mirador de la Faya desde el que se puede
contemplar el Duero perdiéndose en los confines lusitanos.