


El gran atractivo turístico de este enclave salmantino es
el Duero, que entre hoces y barrancas de olivos, naranjos, almendros y vid, desciende pacientemente por su quebrada vertiente desde Fermoselle por Villarino
de los Aires y, alimentado por los ríos Tormes, Uces, Águeda, Huebra y
Camaces y por diversos arroyos, continua el sinuoso y apretado curso hasta Vega Terrón, último punto peninsular que acoge sus calmadas aguas antes que éstas se internen navegables en Portugal hasta Oporto. Este impresionante corredor fluvial ofrece al viajero un insólito paisaje natural "el más bello, más agreste y más impresionante de España entera...", en palabras del mismo Unamuno; que las aguas del Duero y el tiempo ha moldeado produciendo sorprendentes y profundos declives sobre la penillanura, llamados aquí “arribes” o “arribanzos”,
que alcanzan en algunos de los escarpados páramos los 700 m de altitud, para
descender presurosamente a los escasos 130 m ., que encontramos en Vega
Terrón. En su interior se acomoda el Duero, al que vierten sus aguas los modestos arroyos de la zona y que conforman la peculiar geomorfología arribereña, que podemos contemplar en parajes como los Humos de Masueco, la Code de Mieza, el Teso de San Cristóbal en Villarino, Rupitín y Rupurupay en Aldeadávila, el teso de la ermita de Ntra. Sra. La Virgen del Castillo en Pereña, el Monte Gudín en Vilvestre, Espadacinta en Saucelle, etc... En su conjunto el espacio natural arribereño presenta también un reconocido valor ecológico por su original vegetación mesomediterránea y por ser el hábitat habitual de especies protegidas como la cigüeña negra, el águila real y perdicera, el buitre leonado y negro. En la actualidad el Parque Natural de Las Arribes del Duero es "Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA)" y "Área Crítica para la Conservación de la Cigüeña Negra ". Pero, las Arribes ofrecen también como gran atractivo turístico la peculiaridead de sus pueblos, levantados sobre milenarios castros, poblaciones que guardan una ancestral historia como dan testimonio el hallazgo de pinturas rupestres, dólmenes, verracos de piedra, estelas romanas y otras inscripciones, etc., y que dicen también de la inveterada historia de esta comarca. Todos estos reclamos turísticos, aún poco conocidos están esperando que tú los descubras con sosiego y asombro; por ello te invitamos a que vengas a las Arribes del Duero y te dejes seducir por el encanto desproporcionado de su naturaleza.




"Baja el Duero
por tierra de Zamora, tendido en la llanada y espaciándose por ella,
mas al ir a entrar en la provincia de Salamanca, dividiendo a esta
de Portugal, hacia donde le rinde el Tormes sus aguas, entre Fermoselle y Villarino, se mete en las entrañas de la meseta
castellana para ir a entrar en tierra portuguesa. Resquebrájase la
meseta en hondos desgarrones, mostrando al descubierto sus
berroqueñas entrañas, pedernosos cimientos de la ceñuda tablada de
Castilla. El agua terca, que talla las rocas gota a gota a con
secular trabajo, ha ido carcomiendo su peñascoso lecho y buscando
salida entre esguinces y revueltas. A la distancia nadie adivina el
hondo tajo por donde el Duero corre; la ondulante llanada parece ir
a perderse suavemente y sin solución alguna de continuidad en las
estribaciones de la sierra de la Estrella, que cierran, hacia
Portugal, el horizonte. En uno de los repliegues de ese terreno se
ocultan los hondos tajos, las encrespadas gargantas, los imponente
cuchillos, los erguidos esfayaderos, bajo los cuales, allá, en lo
hondo, vive y corre el Duero, ya espumarajeando las rocas que aún no
han cedido a su tozuda labra, ya despenándose en desniveles, ya
parándose un momento a descansar en angostos remansos, ya, por fin,
zumbando bajos los peñascos en las espundias. A trechos las paredes
y escotaduras del tajo se adulciguan, y se tienden las pendientes
para recibir, sobre revestimiento de tierra, vegetación bravía y
cuidados de cultivo. A estos declives que bajan al río se les llama
arribes en toda la ribera, es decir, en la región toda salamanquina
que bordea el Duero y afronta Portugal".
"Por tierras de Portugal y España". Miguel de Unamuno